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La historia del Ratoncito Pérez, origen y otras tradiciones

Written by : Posted on enero 22, 2015 : No Comments

consejos saludables para niños, niños y salud, hábitos saludables para niñosLa caída de un diente en los niños es un momento muy importante, tanto para los niños como para los padres. Para los niños es un momento importante pero también les puede causar cierta intranquilidad porque es una pérdida física de una parte de su cuerpo, para ello nada mejor que una fábula como un Ratoncito Pérez y un poquito de magia para convertir la intranquilidad en entusiasmo. Para los padres significa reconocer el crecimiento del niño, muchos guardan el primer diente de formas bien peculiares.

Un niño suele tener unos 20 dientes de leche y comienza a perderlos a la edad de 5 o 6 años. “Cuando los niños de hoy se enfrentan a la pérdida, es difícil hacerles entender el proceso natural por el que están pasando”, explica el psicólogo Manual Yániz. “Las historias mágicas y de recompensa les dicen en su lenguaje que no deben temer al cambio”.

La tradición oral cuenta que, cuando a un niño se le cae un diente, lo coloca debajo de la almohada y, mientras duerme, este ratoncito le recoge el diente y, a cambio, le deja un regalo o una moneda.

El Ratoncito Pérez , se dice que se creó a finales del siglo XIX (posiblemente en 1894) por el Padre Lconsejos saludables para niños, niños y salud, hábitos saludables para niñosuis Coloma (1851-1915), miembro de la Real Academia Española desde 1908. Desde Palacio pidieron al padre Coloma que escribiera un cuento cuando a Alfonso XIII, que entonces tenía 8 años, se le cayó un diente. Y así fue cómo al jesuita se le ocurrió esta historia protagonizada por el rey Bubi, que era como la Reina Doña María Cristina llamaba a su hijo, el futuro Alfonso XIII.

 En este cuento, se habla del maravilloso viaje que el pequeño Rey Buby inicia de la mano del Ratón Pérez, transformado a su vez en un pequeño ratoncito, para conocer cómo vivían sus pequeños súbditos, algunos de ellos muy pobres, como el niño Gilito. En este viaje, Buby aprenderá valores como la valentía, el cuidado de sus súbditos y la generosidad.

Ratón Pérez, en palabras de  Luis Coloma es pequeño, con sombrero de paja, lentes de oro, zapatos de lienzo y una cartera roja, terciada a la espalda.

De alguna manera, Ratón Pérez permitió la fijación de la tradición y de uno de sus elementos más importantes como es el regalo de una moneda a cambio del diente caído bajo la almohada.

Desde los tiempos del padre Coloma, el personaje se ha enriquecido con infinidad de relatos, cuentos y dibujos, nacidos de los mconsejos saludables para niños, niños y salud, hábitos saludables para niñosás diversos artistas y escritores, que lo han tomado como base, lo han recreado y que han acrecentado su magia y la ilusión de los más pequeños y, ¿por qué no?, de todos los que aún nos sentimos niños a veces.

 En los países hispanohablantes la estrella indiscutible es el ratoncito Pérez, tiene su correlación en la Petite Souris (ratoncito) en Francia, Topolino o Topino en Italia o, volviendo a países hispanohablantes, simplemente el ratón de los dientes, como se le conoce en México y en Chile.

El cuento del Ratoncito Perez.

Érase una vez Pepito Pérez, que era un pequeño ratoncito de ciudad, vivía con su familia en un agujerito de la pared de un edificio.

El agujero no era muy grande pero era muy cómodo, y allí no les faltaba la comida. Vivían junto a una panadería, por las noches él y su padre iban a coger harina y todo lo que encontraban para comer. Un día Pepito escuchó un gran alboroto en el piso de arriba. Y como ratón curioso que era trepó y trepó por las cañerías hasta llegar a la primera planta. Allí vió un montón de aparatos, sillones, flores, cuadros…, parecía que alguien se iba a instalar allí.

Al día siguiente Pepito volvió a subir a ver qué era todo aquello, y descubrió algo que le gustó muchísimo. En el piso de arriba habían puesto una clínica dental. A partir de entonces todos los días subía a mirar todo lo que hacía el doctor José Mª. Miraba y aprendía, volvía a mirar y apuntaba todo lo que podía en una pequeña libreta de cartón. Después practicaba con su familia lo que sabía. A su madre le limpió muy bien los dientes, a su hermanita le curó un dolor de muelas con un poquito de medicina.

Y así fue como el ratoncito Pérez se fue haciendo famoso. Venían ratones de todas partes para que los curara. Ratones de campo con una bolsita llena de comida para él, ratones de ciudad con sombrero y bastón, ratones pequeños, grandes, gordos, flacos… Todos querían que el ratoncito Pérez les arreglara la boca.

Pero entonces empezaron a venir ratones ancianos con un problema más grande. No tenían dientes y querían comer turrón, nueces, almendras, y todo lo que no podían comer desde que eran jóvenes. El ratoncito Pérez pensó y pensó cómo podía ayudar a estos ratones que confiaban en él. Y, como casi siempre que tenía una duda, subió a la clínica dental a mirar. Allí vio cómo el doctor José Mª le ponía unos dientes estupendos a un anciano. Esos dientes no eran de personas, los hacían en una gran fábrica para los dentistas. Pero esos dientes, eran enormes y no le servían a él para nada.
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Entonces, cuando ya se iba a ir a su casa sin encontrar la solución, apareció en la clínica un niño con su mamá. El niño quería que el doctor le quitara un diente de leche para que le saliera rápido el diente fuerte y grande. El doctor se lo quitó y se lo dió de recuerdo. El ratoncito Pérez encontró la solución: “Iré a la casa de ese niño y le compraré el diente”, pensó. Lo siguió por toda la ciudad y cuando por fin llegó a la casa, se encontró con un enorme gato y no pudo entrar. El ratoncito Pérez se esperó a que todos se durmieran y entonces entró a la habitación del niño. El niño se había dormido mirando y mirando su diente, y lo había puesto debajo de su almohada. Al pobre ratoncito Pérez le costó mucho encontrar el diente, pero al fin lo encontró y le dejó al niño un bonito regalo.

A la mañana siguiente el niño vió el regalo y se puso contentísimo y se lo contó a todos sus amigos del colegio. Y a partir de ese día, todos los niños dejan sus dientes de leche debajo de la almohada. Y el ratoncito Pérez los recoge y les deja a cambio un bonito regalo.

Existen otras tradiciones o variantes, como poner el diente en el interior de un vaso, con o sin agua, o cambiar el personaje del ratón por el hada madrina, que cambia el diente por una moneda de oro, existe otra tradición muy popular en el mundo: lanzar el diente al aire o sobre el tejado de una casa para atraer buena fortuna.

En China y en Japón, si el diente que cae es del maxilar superior, se entierra; si es del inferior, se lanza al aire con el propósito de que los siguientes dientes crezcan sanos y fuertes.

En el Reino de Bután, ente India y China, los niños lanzan el diente al tejado de la casa para ofrecérselo a la diosa de la luna, a cambio de buena fortuna. Para los niños egipcios, la caída del diente tiene una connotación religiosa similar: el diente se envuelve en un trocito de tela y se lanza al aire con fuerza a la vez que cantan a Ra, el dios del Sol.

Los niños de tribus nómadas árabes también envuelven su diente, pero lo hacen en grasa de oveja y se lo dan a su perro, diciendo: “Llévate este dientito y tráeme uno más fuerte”.

Aunque lanzar el diente al aire es una práctica muy popular en los países asiáticos, también lo es en Brasil, en las áreas más rurales de Belice y Honduras, y en Grecia. En Brasil se cree que si el diente aterriza en el tejado, se transformará en oro.

En Nigeria existe una tradición completamente diferente: los niños trazan siete círculos en el suelo. Si bailan bien en cada uno de ellos, el diente saldrá derecho; sino, saldrá torcido.

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